La vida es más ligera si cuentas con Dios.
El problema crónico de insatisfacción no se resuelve a no ser que se solucione de raíz. De poco valen las soluciones temporales si no hay una comprensión y una efectiva erradicación del problema fundamental. El problema fundamental es que creemos que es el mundo, las cosas, las personas, los logros, lo efímero, los siempre cambiante, creemos que es lo que me va a dar la paz que busco.
Esa paz no va a venir porque consiga todo lo que me proponga, si lo consigo. No va a venir por hacer infinidad de cambios o porque acumule muchas conocimientos o experiencias. Y la solución tampoco va a venir de la persona en sí, no va a salir de nuestro propio esfuerzo o inteligencia.
Eso es lo que creemos, a través de sucesivos intentos de querer mejorarnos, de hacer múltiples cambios porque aunque consigamos nuestras metas, el problema crónico no se resuelve. Sigo sintiéndome inseguro, insatisfecho.
¿Algo estaremos haciendo mal?
¿Algo nos estaremos perdiendo?
¿Algo no habremos contemplado?
Y no es cuestión de sinceridad. Sinceridad nos sobra. Es una cuestión de pura ignorancia y de cerrar nuestro corazón a lo infinito, a Dios, al Ser. De falta de confianza en el Señor, en la totalidad.
Aristóteles afirma: No hay otro recurso para encontrar un sentido a la vida humana que el retorno a sí mismo. Y ese es el eje de la felicidad aristotélica.
El evangelio de San Mateo 11.25 nos dice:
“Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.”
Ese cansados y agobiados seguro que nos suena, ¿Verdad? Agobiados por tantas preocupaciones. Por no conseguir lo que buscamos. Aún en el esfuerzo y la honestidad.
Aunque practiquemos una infinidad de “prácticas” de yoga, meditación, mantras, visualizaciones, afirmaciones, todas esas prácticas no tienen porqué resolver el problema de raíz , ni siquiera lo tocan en la mayoría de las ocasiones. Igual todas esas técnicas pasan de lado, tocando sólo los síntomas, proveyendo soluciones temporales e inmediatas que no resuelven el problema crónico de fondo.
Y uno de esos problemas lo menciona ese versículo de San Mateo. Tu, yo, el ser humano, nuestro esfuerzo no es suficiente, no es adecuado sólo por sí mismo.
Es una ala de dos.
- Una es el esfuerzo, mi preparación.
- Y la otra es Dios, la confianza que tengo, la cercanía e intimidad que tengo para que me acompañe, para que busque su Gracia y pueda comprender las realidades en vez de empeñarme en que la realidad debe ser como yo quiero que sea.
Empeñarme una y otra vez para que el mundo se adapte a lo que yo quiera, ahí habrá agobio. Estaré más frecuentemente de lo normal, agobiado, constantemente preocupado, negativo. Esa es la marca, la del agobio, la del hombre que no confía en el infinito Dios.
Y otra marca, la serenidad, la vida más ligera, la del que confía y cuenta con Dios.
En la Gita(Libro Sagrado del hinduísmo) hay dos versos que dicen cómo dirigirse a Dios y su efecto;
Sin embargo, a aquellos
que, dedicándome a mi todas las acciones,
que me mantienen como la meta final meditando en mí con un compromiso en el que no hay otro
Para ellos,
cuyas mentes están absortas en mi, Partha,
yo pronto me hago su liberador,
y los saco del océano del samsara que está cargado de muerte.
En resumen, encontrar a Dios es tarea de todos los días, hablar con él es tarea de todos los días, permitir que desde su morada que es tu corazón él te hable es tarea de todos los días. Solo escuchando la palabra de Dios en nuestro corazón nuestra vida se volverá más ligera. Y ¿cómo lo podemos escuchar?teniendo una mente tranquila y en paz, un corazón abierto al amor de Dios.
Námaste 🙏🏽💚🧘🏽♂️
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