En un mundo adicto a la velocidad, la lentitud es una virtud.
¿Cuántos han tenido que correr para poder llegar a un destino?
Vivimos en la cultura del correcaminos en la cultura de la velocidad y la prisa, no nos damos cuenta del enorme daño que todo este multitasking, prisas, distracción velocidad e impaciencia, hace a nuestra salud, a nuestra dieta y a nuestra relaciones, pero también hace daño a nuestra capacidad de pensar.
Un día el cuerpo dice “no aguanto más este ritmo” y llega un infarto. Tal vez en una relación en la que no pusiste el tiempo suficiente para estar ahí presente con tu pareja y estuviste absorbido por tu celular y al final la relación terminó mal.
Hoy por hoy, alrededor del mundo la gente está ralentizando, ralentizar de manera racional en los momentos oportunos nos hace que vivamos mejor, que comamos mejor, hagamos mejor el amor y tengamos mejores momentos con nuestra familia.
El movimiento “Slow” no es hacer las cosas a un paso de tortuga, el credo Slow consiste en hacer las cosas a la velocidad justa para cada cosa. Unas actividades podrán ser muy lentas otras actividades podrán ser más rápidas. La idea “slow” es una mentalidad, significa privilegiar la calidad, la cantidad, hacer una cosa a la vez, hacer las cosas con calma y con cariño, se habla de mindfulness estar presente en el momento. En el fondo el movimiento Slow es hacer las cosas lo mejor posible en lugar de lo más rápido posible.
Hacerlo mejor vs hacerlo rápido.
La idea antigua es que rápido es mejor, ahora la idea, la nueva mentalidad invita a hacerlo de mejor manera al ritmo que sea necesario para que se puedan realizar las actividades.
La esencia de esta revolución cultural es dominar estos ritmos, saber cuando hacerlo lento y cuando se puede hacer rápido, pero de manera consciente. En resumen la lentitud es un valor positivo, la paciencia sigue siendo una virtud, en un mundo adicto a la velocidad, la lentitud es un Superpoder.
La cultura de la prisa tiene raíces muy profundas, el hecho de que todos tenemos un tiempo limitado en la tierra, un tiempo de vida, históricamente nos ha hecho sentir que debemos aprovechar y hacer muchas cosas en nuestra vida. El mero hecho de medir el tiempo genera cierta prisa. En la época moderna la tecnología tiene su impacto, se han creado herramientas para hacer las cosas un poco más rápido por lo cual nos hemos acostumbrado a hacer las cosas rápido, respuestas rápidas en nuestro celular.
Estar ocupado o muy distraído, termina siendo un instrumento de negación. Es una manera de evitar las grandes preguntas o los problemas más profundos, en lugar de plantearnos las preguntas importantes como ¿quién soy? ¿Tengo un propósito de vida? ¿Cómo están mis amigos? Estas preguntas incomodan y requieren tiempo, entonces terminamos resolviendo las preguntas sencillas como ¿en dónde están mis llaves? ¿Ya llegó mi siguiente cita?
Hacer las cosas rápido es solamente tocar las cosas de manera superficial, hacerlo lento significa llegar a la raíz, al núcleo.
Indicios de exceso de velocidad
Sentirse cansado todo el tiempo, no recordar qué cenaste ayer, despertar un día y decir “ya se acabó el mes, que rápido”. No cumplir con actividades familiares.
Tipos de pensamiento
Pensamiento Rápido, la base de este pensamiento es el pensamiento lento, paradójicamente sí. Porque un pensamiento rápido se basa en la experiencia que obtuvimos de esa experiencia teniendo en cuenta un ritmo lento. El pensamiento rápido en esencia es el resultado positivo del pensamiento lento.
Pensamiento Lento, a través del pensamiento lento es que logramos entender cambios, va de la mano con la creatividad, cuando el ser humano se encuentra en un estado relajado sin prisa el cerebro entra en un modo de pensamiento más creativo, los psicólogos lo llaman “slow thinking”
¿Cuándo surgen las mejores ideas?
Las mejores ideas surgen en esos momentos de pensamiento lento, durante una caminata, leyendo un libro, pasando una tarde a solas sin mirar la televisión.
¿Cómo podemos cultivar es modo #SlowThinking?
Cambiando nuestra forma de pensar, abriendo espacios de nuestra vida para poder entrar en ese modo de pensamiento lento. Una de las herramientas más útiles para lograrlo es la meditación. La meditación con el tiempo cambia la estructura del cerebro, aumenta con el tiempo la tasa de girificación, esto significa que con el tiempo el cerebro tiene más pliegues en el córtex cerebral, tienes más densidad. Y si uno tiene más densidad en esa parte del cerebro lo que se puede lograr es poder procesar información de manera más rápida. Entonces Lento es Mejor!
Paradoja de la lentitud; las personas que ralentizan su vida a través de la meditación y pensamiento lento, tienen más capacidad para gestionar el “mundo de lo rápido” comparado con los que nunca pisan el freno o que están atrapados en las prisas.
Pasos a seguir
“Menos es más” debe ser el lema, pero ¿qué se puede hacer en familia o en la organización?
Reuniones familiares en donde se pregunten como familia si las actividades de la agenda familiar(como actividades extra escolares o reuniones sociales) realmente son necesarias o existe alguna que se pueda eliminar o acortar.
Abrazar actividades más lentas, por ejemplo leer, armar un rompecabezas muy grande en familia sin acelerar, preferentemente que tome varios días o semanas.
Recuperar la comida/cena familiar, padre, madre e hijos sentados en la misma mesa sin celulares ni distracciones.
Usar la tecnología con más calma y de manera más equilibrada, por ejemplo tener horarios de uso.
Procurar momentos con nosotros mismos, momentos de soledad genuina para recargar las pilas, para reflexionar, el miedo a estar solo al inicio es común pero una vez que se hace por primera vez empezamos a despertar.
Permitan crecer a sus hijos de una manera más lenta
Llenar de actividades la agenda extraescolar de nuestros hijos transmite a ellos esa hiper aceleración de nosotros adultos. Con el paso del tiempo una agenda abultada con actividades en los menores se traduce en ansiedad y estrés al llegar a la adolescencia y juventud. La solución es hacer cosas lentas, si tu hijo o hija quiere fantasear en el patio de la casa que está en un castillo y vuela y hace una historia sin fin, déjalo! Tiene que hacerlo porque su cerebro está programado para que sea así, si en cambio le decimos “apúrate que se nos hace tarde para la clase de karate o ballet” le estamos cortando esa oportunidad valiosa de entrenar su creatividad.
No se trata de convertir la niñez en que no hagan nada, los niños necesitan estructuras, pero necesitan esa estructura acorde a su edad. Un balance entre actividades lentas y actividades rápidas. En las actividades lentas no se mide el tiempo, en las actividades rápidas se tiene un tiempo medido para realizarse, ahí está la diferencia. Tu hijo está aburrido un día, déjalo! Porque el aburrimiento es el trampolín a la creatividad. Precisamente en esos momentos no estructurados, sin reloj, sin agenda, sin fotos ni video, en esos momentos los niños aprenden a pensar lentamente, utilizan su imaginación, miran hacia adentro para conocerse a sí mismos. Es una oportunidad de oro.

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