En México, el anuncio de un incremento del 13 % al salario mínimo fue recibido con entusiasmo en algunos sectores y con preocupación en otros. Sin embargo, más allá del discurso político o social, el verdadero impacto económico recae sobre un actor frecuentemente ignorado: las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (MiPYMES), que representan el 99 % de la totalidad de unidades económicas del país.
La pregunta no es si el aumento es “justo” o “necesario”, sino si el sistema productivo mexicano tiene las condiciones para sostenerlo sin consecuencias negativas.
1. La realidad estructural: MiPYMES sin margen de maniobra
La inmensa mayoría de las empresas del país opera con:
- márgenes de ganancia reducidos,
- acceso limitado o nulo a financiamiento,
- baja digitalización,
- escasa productividad,
- altos costos de operación,
- y una elevada vulnerabilidad a cualquier cambio externo.
Para estas empresas, el salario mínimo no sube solo 13 %.
También aumenta, en la misma proporción, la carga asociada:
- cuotas del IMSS,
- aportaciones de vivienda,
- RCV,
- impuesto estatal sobre nóminas,
- prestaciones obligatorias,
- y cualquier obligación vinculada al sueldo base de cotización.
El incremento del costo laboral, por tanto, es significativamente mayor que el porcentaje anunciado. Y para miles de pequeños negocios, esto no se traduce en crecimiento, sino en presión.
2. El ideal de la canasta básica: una meta que se aleja mientras se persigue
La narrativa oficial sostiene que el aumento salarial permitirá acercarse al costo de la canasta básica.
Pero la experiencia económica de los últimos años demuestra que:
- al subir los costos laborales,
- aumentan también los costos de producción,
- suben los precios,
- y la inflación vuelve a alejar la canasta básica del ingreso real.
Es una meta móvil: cada vez que avanzamos hacia ella, también se mueve hacia adelante.
Sin incremento en productividad, infraestructura y competitividad, un aumento del salario mínimo solo alcanza para recuperar, parcialmente, el terreno perdido.
3. ¿Qué va a pasar? Probablemente nada… y eso es lo preocupante
No ocurrirá un colapso económico.
México ha demostrado, una y otra vez, que su resiliencia social y empresarial es extraordinaria.
Los emprendedores se ajustarán, las familias se adaptarán, y el país seguirá funcionando.
Pero no avanzar no es lo mismo que estar bien.
En términos de desarrollo económico, el estancamiento es equivalente al retroceso.
Mientras otros países:
- atraen inversión,
- mejoran infraestructura,
- digitalizan su economía,
- y generan condiciones para escalar negocios,
México apuesta por soluciones simbólicas que no modifican la estructura productiva.
El resultado es claro: la brecha con economías más dinámicas se amplía.
4. México es grande, pero su inercia también
La fortaleza del país no está en sus políticas, sino en su gente:
- trabajadores resistentes,
- emprendedores creativos,
- empresas familiares que sostienen regiones completas,
- redes comunitarias que compensan la ausencia del Estado.
Ese espíritu evita la crisis.
Pero también posterga la transformación.

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